Azúcar

Favorecida por excelentes condiciones naturales, la producción de azúcar de caña se inició durante la etapa colonial en el actual Noroeste argentino (NOA), región que cuenta con la mayoría de tierras cultivadas con caña, que hoy alcanzan las 320.000 hectáreas.

Gran parte de esta actividad se concentra en la provincia de Tucumán, que produce el 62% del volumen total del país, mientras que Salta y Jujuy aportan, en conjunto, alrededor del 37%. La producción restante se registra en Santa Fe. La distribución de los establecimientos industriales acompaña ese perfil: de los 23 Ingenios Azucareros existentes, 15 se encuentran en Tucumán, 3 en Jujuy, 2 en Salta, 2 en Santa Fe y uno en Misiones.

El azúcar de caña es un alimento básico de la población argentina y su consumo se ha estabilizado en torno de los 42 Kg. por habitante y por año. Los excedentes exportables guardan gran relación con la producción, que en los últimos años ha protagonizado un fuerte incremento, relacionado con grandes inversiones que modificaron sustancialmente la estructura productiva del sector.

Se implantaron decenas de miles de hectáreas con modernas variedades de caña, lo que aumentó notablemente las cosechas y el rendimiento en sacarosa.

Se generalizó el uso de cosechadoras de última generación que además de ser más eficientes, realizan la recolección “en verde”, sin el quemado previo de la caña, y la industria acompañó el proceso renovando instalaciones e incorporando equipos de última generación.

Se suma a ello la implementación de sistemas de gestión de la calidad como el HACCP en los principales Ingenios.

Diagrama de proceso
De esta forma la industria azucarera ha alcanzado producciones de 2.300.000 toneladas, en tanto que las ventas a los mercados externos llegaron excepcionalmente en la zafra 2009/2010 a las 700.000 toneladas.

Chile y Estados Unidos son los tradicionales y principales compradores del azúcar de esta industria, aunque las crecientes producciones de los últimos años ampliaron el número de destinos, incorporando nuevos países adquirentes del producto

La incorporación de variedades de caña más productivas y resistentes, junto con el empleo de tecnología azucarera de avanzada, no solo permite producir mayores volúmenes y mejorar la preservación de los recursos, sino acompañar también las exigencias de calidad internacional y productos de las industrias alimenticias de la Argentina que cuentan con el reconocimiento de los consumidores.

A este panorama hay que sumarle un avance significativo que refiere a la diversificación y el avance tecnológico de la industria azucarera. Se trata de la incursión en el negocio de los combustibles verdes en línea con el compromiso de incorporar procesos productivos sustentables y en cumplimiento de las leyes No. 26.093 y 26.334 que establecen respectivamente el corte de nafta con un 5% de etanol, derivado de la caña de azúcar y la habilitación de los ingenios a participar del programa de Bioetanol.

Desde el 2009, los ingenios azucareros se abocaron a la producción de este biocombustible y actualmente lo distribuyen a las empresas petroleras, de acuerdo a los cupos asignados por la Secretaría de Energía de La Nación a través de la cual el Estado regula el régimen de producción y distribución.

El compromiso establecido por la industria fue producir y entregar algo más de 200 millones de litros, sobre un total de los 270 que se necesitan para cortar todas las naftas a los niveles que prevé la ley. Las entregas se irán incrementando paulatinamente hasta alcanzar un contenido de bioetanol del 5% en todas las naftas, según lo establece la primera etapa del programa.

En definitiva, la actividad azucarera argentina está en un proceso muy dinámico de modernización, que la posiciona como una agroindustria que ya no solo produce básicamente azúcar y, como subproducto papel y alcoholes, sino que se consolida como una actividad estratégica y transversal para el desarrollo de la economía y el bienestar de la Nación, y especialmente del postergado Norte argentino.

Exclusivamente a partir del cultivo y procesamiento de un recurso renovable, la caña de azúcar, y con inversiones enfocadas en la innovación, su participación en la economía nacional se profundiza en dos campos clave: la energía para la vida, a través del irreemplazable aporte del azúcar a la alimentación, y la energía para la producción, a través del bioetanol para los combustibles, la cogeneración eléctrica a partir de la caña y el aprovechamiento de los residuos orgánicos de sus procesos industriales para la generación y la fertilización.