Olivo

Ley 26.839
Declárase al Aceite de Oliva Argentino como Alimento Nacional.
Publicada el 23 de enero de 2013

En el departamento de Arauco, provincia de La Rioja, aún da frutos el olivo cuatricentenario, plantado por el colonizador español Pedro de Alvarado a mediados del siglo XVII, que fue declarado Monumento Histórico Nacional. Su presencia demuestra la honda tradición que tiene la olivicultura en la Argentina.

Esta importante producción regional comprende principalmente dos subsectores industriales: ellos son el de elaboración de aceitunas de mesa y el de extracción de aceite de oliva. Ambos comparten la misma materia prima, la cual se distribuye de acuerdo a la relación oferta-demanda existente en el mercado nacional e internacional en cada campaña.

En relación al desarrollo y crecimiento de la producción olivícola en Argentina, es importante mencionar que la misma se debe en gran medida a la implementación de la Ley de Diferimientos Impositivos – Ley 22.021 – sancionada en los años ´70 y que adquiere para este sector un mayor ímpetu en la década pasada.

No obstante ello, el origen de este cultivo en nuestro país se remonta al período de la conquista española, dotando a los productos elaborados de la tradición, historia y cultura de cada región. Las provincias en las que se concreta un mayor aprovechamiento de la mencionada Ley, para el caso de la producción de olivo, son Catamarca, La Rioja y San Juan. De esta manera quedó constituido el mapa olivícola nacional conjuntamente con las provincias de Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Río Negro y San Luis, alcanzando en la actualidad una superficie estimada de 102.000 hectáreas. Al analizar esta expansión es necesario resaltar que las nuevas plantaciones, a diferencia de las producciones ya existentes o “tradicionales”, son cultivos de alta densidad, en los que se incorporaron nuevas tecnologías y material genético en la selección de los nuevos varietales.

La inversión realizada en cada provincia, trajo aparejado un crecimiento en cada economía regional, no sólo en la producción olivícola sino también en los diferentes actores involucrados en dicha cadena de valor. A este crecimiento cabe adicionar el interés de nuevos inversores en incorporarse a la producción local, atraídos por la tradición y experiencia productiva desarrollada en cada región, las favorables condiciones agroecológicas, el desarrollo de capital social (instituciones de investigación, educación, gestión, etc.) y creciente demanda global de los productos, entre otros.

A partir de las variedades Arbequina, Frantoio, Coratina, Picual, Empeltre y Barnea, a las que se suma el aporte de Manzanilla y Arauco–empleadas como doble propósito- se obtienen aceites de excelente calidad, alcanzándose volúmenes que rondan las 20.000 Tn y que impulsan la presencia argentina en los mercados internacionales.

Las ventas al exterior de aceite de oliva sobrepasaron las 12.000 toneladas, ubicando al país entre los diez primeros exportadores. En lo atinente a la forma de presentación, se fortalece la tendencia a vender productos fraccionados en botellas y latas de 500 cc. Este impulso guarda relación con el surgimiento, en los últimos años, de nuevos olivares sobre más de 70.000 hectáreas. Son plantaciones organizadas en cuadros monovarietales conducidas para cosecha mecánica y dotadas de riego por goteo. A su vez, la industria elaboradora incorporó procesos y tecnología de última generación.

Respecto de las aceitunas, Argentina es uno de los actores más relevantes a nivel mundial: 2º exportador y 4º productor. En promedio en nuestro país se superan las 100.000 tn de producción y las 80.000 tn exportadas.

En ambos productos, el principal destino de venta es Brasil superando ampliamente el 50% de las compras nacionales.

A sus favorables condiciones agroclimáticas y al hecho de producir en contraestación con respecto al Hemisferio Norte, la producción argentina unió así tecnologías de cultivo y elaboración que, combinadas con la disponibilidad de técnicos especializados, posibilitan generar grandes cantidades de productos diferentes, acordes con las exigencias de los países denominados “nuevos consumidores”, que, en general, prefieren aceites de oliva vírgenes, con frutado medio a suave.

El incremento estimado para las próximas campañas en la producción traerá aparejado un gran desafío en términos de intercambios, ya que obligará a los actores involucrados, entre otras medidas, a lograr una mayor competitividad, conquistar nuevos mercados, incrementar la participación en el mercado local y generar mayor valor agregado en sus producciones, como los más relevantes.

Se estima que en los próximos años Argentina continuará consolidándose como un actor relevante dentro del mercado mundial, reflejando la gran posibilidad existente en términos de crecimiento en la generación de divisas, en la gama de productos ofrecidos al mercado internacional. Esta situación se traducirá en forma directa en el crecimiento y desarrollo de las economías regionales involucradas.