Aunque el té (Camellia sinensis) es una especie originaria de los bosques montañosos de las fronteras entre China, India y Birmania, actualmente se produce en los cinco continentes, y su infusión es consumida en todas las latitudes, tanto por su sabor como por las beneficiosas propiedades que le otorgan sustancias antioxidantes tales como los polifenoles.

En Argentina el té se cultiva en las provincias de Misiones y Corrientes, donde las características del clima y los suelos bien drenados favorecen el adecuado desarrollo de las plantas. Es la región tealera más austral del mundo. A diferencia de otros países productores donde la cosecha se realiza durante todo el año y en forma manual, los 6.500 productores argentinos de té realizan la recolección en forma mecánica y sólo en el período comprendido entre octubre y mayo.

La superficie cultivada asciende a 40.000 hectáreas que permiten obtener alrededor de 300.000 toneladas de brotes.

Situadas en su mayoría en Misiones, 35 plantas industriales elaboran unas 80.000 toneladas de té destinadas al consumo interno y a la exportación.

Para obtener té negro, el proceso de industrialización de las hojas cosechadas comprende varias etapas: marchitado, enrulado, fermentado y secado. También se elaboran pequeños volúmenes de té verde, que se obtienen evitando el proceso de fermentación.

En Argentina se consume mayoritariamente té negro en saquitos, y una reducida proporción de la población prefiere el té en hebras.

El consumo doméstico es escaso: en el último quinquenio alcanzó un promedio de 9 litros por habitante por año.

La exportación es el destino del 95% de la producción nacional de té. Este flujo comercial está muy desarrollado y presenta tendencia positiva.

Aunque los principales compradores son Estados Unidos y Chile, la infusión se exporta a casi 40 destinos.

El té argentino se destaca en el mundo por dos cualidades principales. En primer término por el color que aporta a la infusión y, en segundo, por generar una infusión translúcida, tanto si se la consume fría (”iced tea”) como si se la bebe caliente, a la manera tradicional.