Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios.
"Somos una entidad gremial empresaria que nucléa Cámaras y Empresas de la Industria de la Alimentación y de Bebidas, representando a casi la totalidad de los sectores que la integran."

Cómo transformar en realidad eso de ser el supermercado del mundo

La Nación – 27/07/2017

El objetivo que se planteó el Gobierno va de la mano del aumento de las agro-exportaciones de mayor valor agregado; los países asiáticos y las cadenas de valor, piezas clave en la estrategia

Con un contexto mundial donde varios países abrazan el proteccionismo y se hace cada vez más difícil competir, la Argentina reafirma su perfil agroexportador para proyectarse a nuevos mercados y favorecer su reinserción en el comercio internacional. “Un efecto de la consolidación del país como agroexportador es la mudanza de mercados que se observa en relación a los años “K”, hoy vendemos más a mercados demandantes de alimentos y miramos mucho a Oriente”, reconoce el consultor en comercio internacional, Marcelo Elizondo. Como consecuencia, dice, “se debilitaron exportaciones de bienes industriales tradicionales y de servicios”. Según cifras del especialista, en los primeros 5 meses de 2017, de US$ 22.500 millones exportados por la Argentina, cerca de 15.500 millones son agroexportaciones (primarias o manufacturadas).

Datos de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, indican que el ranking de exportaciones argentinas en el mundo encuentra al país como 1° exportador de aceite de soja, jugo de limón, aceite de maní y peras; 2° y 3° exportador de maíz, miel, yerba mate, porotos secos, aceite de girasol y jugo de uva; y 4° y 5° exportador de ajo, ciruelas desecadas, maní y aceitunas en conserva.

En tanto que, otros subsectores estratégicos son: alimentos industrializados, gourmet, orgánicos y diferenciados; carne (vacuna, aviar y porcina); frutihortícola (frescas y procesadas); productos lácteos; oleaginosas (legumbres, especialidades, maní, etc.); pesca; vinos y bebidas.

Por su parte, la Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal) informó que las exportaciones alcanzaron en mayo US$ 2184 millones, 8% menos que en 2016; mientras que las importaciones fueron de US$ 166,6 millones, un incremento de 31,5% interanual, lo que determinó un resultado de US$ 2017,7 millones para la balanza comercial del sector.

“Si bien las toneladas vendidas cayeron 5,9%, se compensaron con una mejora en el precio promedio de 7,2%”, explican desde la entidad.

Una diferencia, sostiene Elizondo, “es que ahora las políticas son más favorables a la producción y exportación. Se suprimieron obstáculos y se avanza en mejores condiciones notarias y económicas; pero, mientras hace 15 años las agroexportaciones representaban la mitad del total de exportaciones, hoy llegan a 2/3”.

La respuesta de la agroindustria

Otra distinción aparece al observar los datos del Indec, donde el mayor crecimiento de exportaciones lo lideran las manufacturas de origen industrial. “Es una notoria diferencia con respecto a 2016 -explica Gabriel Scalerandi, economista de Abeceb-, donde las exportaciones primarias, manufacturas de origen agropecuario, lideraron con un fuerte sesgo hacia producciones regionales. Lo que más creció, claramente, fue soja, maíz y trigo, también el azúcar y la yerba mate, pero no ocurrió lo mismo con las frutas, un segmento que viene muy complicado”.

Para Juan Pablo Tripodi, vicepresidente de Comercio Internacional en la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, “el sector agroindustrial argentino es un socio estratégico en el suministro de alimentos al mundo y cumple un rol clave como motor del desarrollo económico del país: con una producción de 103 millones de toneladas de alimentos y exportaciones por US$40.464 millones en 2016, representa más del 50% del total del volumen exportado”.

Según el funcionario, “se han hecho grandes avances” y lo justifica con datos de la Agencia: En lo que va del año, la industria agrícola creció 1,1% interanual, siendo los cítricos, la miel y el cultivo de nueces los sectores con mejor performance. Cifras de mayo también muestran un crecimiento interanual de 3,1% respecto del mes anterior en manufacturas de origen agropecuario, donde los precios bajaron 3,7% y las cantidades subieron 7%.

Además, remarca Tripodi, “nos consolidamos como primer productor mundial de limones y quinto exportador, con 185.000 toneladas exportadas a 55 destinos internacionales, y nos convertimos en el mayor proveedor mundial de derivados industriales (aceite, jugo y cáscara), con Tucumán como responsable del 75% de la producción argentina que se exporta. Y, asimismo, tuvimos 750% de crecimiento interanual en productos agroindustriales como sembradores y abonadoras, con exportaciones que superaron los US$500 millones”.

Mientras, Graciela Peri, consultora de Proyectar-Proyectos Agropecuarios y docente de posgrado en Comercialización Agropecuaria de la Universidad de Belgrano, considera que “los cambios experimentados en los 2 últimos años indican una respuesta positiva desde el sector agroindustrial a las políticas del Gobierno desde diciembre del 2015”.

Como consecuencia, agrega, “se produjeron aumentos del área sembrada, sobre todo en trigo (24%) y maíz (27%); mayor inversión en tecnología e insumos (fertilizantes, 50%; máquinas y equipos 94% y pickups, 27,5%); recomposición del stock ganadero y una vuelta a la utilización de buenas prácticas agrícolas”.

A primera vista, y como se dijo desde que comenzó el nuevo gobierno, la Argentina debe aprovechar la oportunidad de reinsertarse en el escenario internacional y pasar de granero a supermercado del mundo.

En ese sentido, remarca Tripodi, “logramos importantes avances en la promoción de inversiones y exportaciones luego de muchos años de estar aislados y, por eso, avanzamos en el Plan Nacional de Exportaciones que significa más actividad por la apertura de nuevos mercados, la promoción de productos y servicios argentinos en el mundo y la atracción de nuevas inversiones productivas. Para eso, también trabajamos fuertemente en la apertura sanitaria y negociaciones para alcanzar preferencias arancelarias”.

“La situación va en proceso de mejora”, afirma la Secretaria de Mercados Agroindustriales, Marisa Bircher. “En 2016 abrimos 22 mercados para más de 40 productos y, en lo que va de 2017, creamos o reabrimos 16 mercados para 20 productos. Aunque no podemos olvidar que afrontamos problemas climáticos y contamos con economías regionales que aún no se recuperan totalmente para insertarse agresivamente en el mercado global”.

Efectivamente, coincide Elizondo, se avanza en negociaciones sanitarias y acuerdos con mercados para el ingreso superando trabas no arancelarias, como ocurrió con los limones en Estados Unidos. Sin embargo, sostiene, “falta mejorar el marco macroeconómico: menor inflación, situación cambiaria menos influida por financiamiento en dólares del fisco, que atrasa el tipo de cambio real y menor tasa de interés consecuente. También hay que trabajar en mesoeconomía, es decir, el entorno inmediato del productor y exportador: acceso a infraestructura, recursos humanos calificados, servicios de calidad y recursos para la producción”.

Para Peri, en tanto, se nota todavía la necesidad de producir con mayor valor agregado para obtener precios unitarios más altos: “La estructura de inserción de la Argentina en el comercio internacional está concentrada en las primeras etapas de transformación, perdiéndose la mitad del comercio agroalimentario global.

Por su parte, Scalerandi, asegura que la quita de retenciones demostró que la oferta reaccionó y logró disciplinar un poco los precios. “Creo que no restringir la oferta, sino aumentarla y bajar los precios domésticos es la salida para cualquier modelo”, dijo.

Perspectivas de crecimiento

“A mediano y largo plazo, debemos estar preparados para alimentar a 600 millones de personas y eso será posible potenciando la tecnología, con políticas eficientes de desarrollo territorial, multiplicando buenas prácticas y fortaleciendo eslabones de la cadena de producción para generar más y con mayor valor agregado”, asegura Bircher; para quien ese crecimiento de población aumentará la clase media y permitirá cumplir el objetivo de la Argentina como supermercado del mundo. Por eso, añade Tripodi, “queremos impulsar un plan de industrialización de alimentos en donde podamos sumar valor agregado y lograr productos finales para consumo, no sólo commodities”.

En ese escenario futuro, Copal estima que “para 2020 la IAB duplicará el nivel de exportaciones con valor agregado, alcanzará mejoras competitivas en todas las economías regionales, generará exportaciones totales superiores a US$ 5.000 millones, duplicará inversiones para llegar a los US$ 2000 millones anuales y, eso, con un aumento del empleo registrado”.

Además, aporta, Graciela Peri, el futuro de la Argentina está centrado en el potencial de desarrollo de la bioeconomía, asociado a su amplia diversidad de biomasa: “No podemos dejarnos ganar, necesitamos mayor inversión en innovación tecnológica para la disponibilidad de nuevos conocimientos que permitan alcanzar la competitividad para lo cual, es clave la buena articulación entre sector público y privado”.

Por último, resume Elizondo, “para favorecer su reinserción global, el país debe enfocarse en mercados demandantes de agroalimentos, especialmente los más dinámicos, como los asiáticos. Pero, por otro lado, para convertirse en un exportador de alimentos más elaborados, es crítico el ingreso de las llamadas cadenas globales de valor”.